Review: The Alters para PS5

The Alters: La soledad como campo de batalla.

TU MEJOR VERSIÓN

En The Alters, la nueva propuesta narrativa de 11 bit studios (creadores de This War of Mine y Frostpunk), la supervivencia no es solamente una cuestión de recursos o decisiones estratégicas: Es una lucha contra uno mismo. Este juego de ciencia ficción se atreve a explorar el dilema existencial con una mecánica original que lleva el concepto de “y si hubiera tomado otra decisión” al plano tangible, al permitirnos crear versiones alternativas de nuestro protagonista. Lo que comienza como una misión de rescate personal se convierte pronto en una profunda introspección sobre identidad, arrepentimiento y propósito.

Encarnamos a Jan Dolski, un técnico de mantenimiento que sobrevive a un accidente en un planeta inhóspito. Aislado, herido y atrapado en una estación móvil llamada la “rueda base”, Jan se enfrenta no solo al clima extremo y a los problemas mecánicos, sino también a una sensación abrumadora de inutilidad. No es un héroe. No es un comandante. Es un tipo común que, en medio de su desesperación, descubre la tecnología para crear “Alters”: Duplicados de sí mismo, cada uno derivado de decisiones que podría haber tomado en su vida.

Aquí es donde The Alters brilla con luz propia. Cada Alter es una versión de Jan que eligió un camino distinto: El Jan físico culturista, el Jan químico, el Jan monje, el Jan ingeniero. Todos comparten un origen, pero divergen en personalidad, valores, miedos. A través de ellos, el juego desarrolla una dinámica social compleja. No se trata simplemente de ordenarlos como unidades de trabajo: Tienen emociones, conflictos, recuerdos propios. Debes ganarte su respeto, resolver disputas, e incluso lidiar con crisis existenciales que nacen del simple hecho de saber que no son el “original”.

La interacción con los Alters se convierte rápidamente en el núcleo del juego. En lugar de ser una mecánica secundaria, su gestión emocional, coordinación de tareas y toma de decisiones éticas estructuran toda la narrativa. ¿Debes decirle a un Alter que lo creaste solo para reparar una parte crítica del reactor? ¿Te atreves a apagar a uno porque se volvió inestable? ¿Puedes convivir con el hecho de que uno de ellos es, quizás una mejor versión de ti?

En cuanto a la jugabilidad, The Alters combina la gestión de base con elementos de exploración y narrativa ramificada. Debes mantener la rueda base en funcionamiento, recolectar recursos, investigar tecnologías y planificar rutas en un terreno hostil que cambia constantemente. Los ciclos de día y noche, las tormentas solares y la escasez de energía convierten cada desplazamiento en una carrera contra el tiempo. A nivel mecánico, esto recuerda a Frostpunk, pero con un enfoque más íntimo. No se trata de salvar a una ciudad, sino de sobrevivir a uno mismo. Y eso lo hace mucho más intenso.

El sistema de creación de Alters está directamente ligado al “árbol de decisiones vitales” de Jan. Puedes revisar su pasado, elegir un momento clave —como si hubiera estudiado medicina en lugar de ingeniería— y activar la creación de ese Alter. Este enfoque es brillante: Convierte la narrativa en una herramienta mecánica sin perder profundidad emocional. Además, la voz interna de Jan, llena de dudas, remordimientos y nostalgia, actúa como un contrapunto constante a los diálogos con sus dobles, haciendo que cada conversación pese emocionalmente.

Visualmente, The Alters apuesta por un estilo realista con toques estilizados. La ambientación del planeta, con su paleta de colores fríos y paisajes desolados, acentúa el sentimiento de aislamiento. La rueda base es claustrofóbica, pero modular y dinámica, y cada habitación construida refleja las habilidades y especialidades de los Alters. La dirección artística logra equilibrar lo técnico con lo emocional: Los rostros, animaciones y miradas de los Alters transmiten más de lo que muchos RPG logran con cinemáticas enteras.

En términos de sonido, el juego es sobrio pero poderoso. La banda sonora, compuesta por composiciones ambientales y cuerdas melancólicas, refuerza el tono introspectivo. La actuación de voz, especialmente la del protagonista (y todos sus Alters, con sutiles variaciones), es sobresaliente. Se perciben matices en cada versión: La voz más firme del Jan que se convirtió en militar, la más pausada del Jan que siguió la vida espiritual, o la casi cínica del Jan que eligió una vida hedonista. Es un logro técnico y narrativo que refuerza el tema central del juego: Todos podríamos haber sido otros.

No todo es perfecto. Hacia la mitad del juego, ciertas rutinas de gestión pueden volverse repetitivas. Aunque el sistema de toma de decisiones se siente profundo al principio, algunas consecuencias no tienen el peso esperado a largo plazo. Además, la IA emocional de los Alters, aunque impresionante, a veces tropieza con bucles de diálogo o reacciones que no encajan del todo con el contexto. Son fallos menores, pero perceptibles cuando se pone tanta atención en la construcción de personajes.

El final del juego, sin spoilers, es uno de los más debatibles de los últimos tiempos. No por lo confuso, sino por lo introspectivo. The Alters no busca cerrar todo con un arco dramático convencional. En su lugar, plantea una última gran decisión, una que resuena con el jugador más allá de los créditos. ¿Eres la mejor versión de ti mismo? ¿Qué estarías dispuesto a sacrificar para sobrevivir… o por no estar solo?

The Alters es una obra madura, honesta y ambiciosa. No innova tanto por sus mecánicas como por su enfoque: Convierte una situación de ciencia ficción en un espejo emocional. Nos obliga a convivir con nuestras decisiones pasadas, a enfrentarnos con nuestras contradicciones, y a entender que la supervivencia no siempre es física. A veces, la batalla es mantenerte entero cuando cada parte de ti quiere ir en otra dirección.

The Review

8.17 Final
8.5 Others review
8
Historia
9
Jugabilidad
8
Visual
7
Sonido
8
Mecánicas
9
Rendimiento

¿En resumen?

Con este juego, 11 bit studios demuestra una vez más que el género de supervivencia puede tener alma. The Alters no es un viaje cómodo ni heroico: Es íntimo, incómodo y, por eso mismo, profundamente humano.