Review: Sente para STEAM

Sente: Cuando pensar antes que la máquina es la única forma de ganar. 

PREPARA TU ESTRATEGIA

En un mercado saturado de juegos de estrategia que reciclan fórmulas conocidas, Sente llega con una propuesta tan sencilla de explicar como difícil de dominar: Todos los jugadores toman sus decisiones al mismo tiempo. No hay que esperar el turno rival ni reaccionar después de que el contrincante se mueva. Aquí la partida se construye sobre la anticipación. Desarrollado por el estudio argentino Oxobox Game Studios y publicado por la británica Curveball Games, el título convierte esa idea en un juego de mesa táctico de ciencia ficción para entre uno y seis participantes. Su premisa, además, resulta especialmente apropiada: En un futuro dominado por la inteligencia artificial, la humanidad intenta demostrar que todavía puede superar a las máquinas.

La idea central de Sente no es completamente nueva en el mundo de los juegos de mesa, pero su aplicación resulta suficientemente particular como para darle identidad propia. Inspirado en la claridad estratégica del ajedrez y Go, el juego abandona la lógica tradicional de iniciativa y convierte cada ronda en una apuesta. El jugador decide qué hacer, el rival decide qué hacer y ambos descubren las consecuencias prácticamente al mismo tiempo. Eso cambia por completo la lectura del tablero. Una jugada aparentemente perfecta puede convertirse en un error si el oponente ha previsto exactamente esa intención.

El tablero funciona como un espacio táctico en el que se colocan nodos y se construyen redes de energía. La posición importa, pero también importa la forma en que esa posición puede transformarse después de una acción. Lásers, empujes, explosiones y reacciones en cadena generan situaciones donde una decisión pequeña puede desencadenar un cambio enorme. El objetivo pasa por extender la red hasta conectar con el núcleo energético rival y provocar una sobrecarga crítica. No se trata, por tanto, de conquistar casillas de manera convencional, sino de construir amenazas y obligar al adversario a enfrentarse a ellas.

Es precisamente ahí donde Sente encuentra su mejor virtud. La simultaneidad no es un simple truco para diferenciarse, sino el corazón de su diseño. En un juego tradicional, observar una amenaza suele permitir responder de manera directa. Aquí, cuando la amenaza se hace evidente, posiblemente ya sea demasiado tarde. El jugador debe pensar en probabilidades, patrones y comportamiento. ¿Atacará el rival? ¿Intentará defenderse? ¿Está dejando una pieza expuesta porque realmente es vulnerable o porque quiere que reaccionemos? Esa incertidumbre transforma cada ronda en una especie de duelo psicológico.

La consecuencia es una experiencia que premia menos la velocidad que la lectura del oponente. Sente exige aprender a pensar varios pasos adelante, pero también aceptar que ningún plan permanece intacto durante demasiado tiempo. Las reacciones en cadena pueden alterar el tablero y obligar a reconstruir la estrategia. Esta combinación entre planificación y adaptación es probablemente el elemento que más potencial competitivo le entrega al juego.

El modo individual cumple una función importante. Sente permite enfrentarse a diferentes niveles de inteligencia artificial y también incorpora una campaña narrativa. La demo disponible antes del lanzamiento completo ya mostraba una estructura pensada para enseñar progresivamente sus sistemas, con un tutorial presentado como misiones, enfrentamientos contra bots y desafíos de resolución táctica. Uno de sus atractivos son los puzzles diseñados para encontrar soluciones en un número determinado de turnos. Son situaciones que funcionan casi como ejercicios de ajedrez: El tablero plantea un problema y el jugador debe descubrir la secuencia correcta.

El soporte para hasta seis jugadores abre una puerta especialmente interesante. Un duelo uno contra uno puede convertirse en una partida de lectura y contraataque, mientras que un enfrentamiento de varios participantes introduce alianzas circunstanciales, amenazas cruzadas y una cantidad mucho mayor de variables. También existen opciones para partidas por equipos, lo que amplía las posibilidades sociales y competitivas. En ese contexto, Sente puede pasar de ser un rompecabezas abstracto a una experiencia de negociación táctica en la que nadie controla completamente el tablero.

Visualmente, el juego apuesta por una presentación tridimensional, futurista y limpia. El escenario de robots y tecnología avanzada acompaña la naturaleza abstracta de las reglas sin intentar convertir el tablero en un espectáculo excesivo. El concepto del bar-robot Sente, utilizado como puerta de entrada a su universo, aporta personalidad y permite presentar personajes y situaciones sin interrumpir el foco estratégico.

También hay un mérito especial en el origen del proyecto. La propuesta nació como una idea en papel y tardó alrededor de dos décadas en transformarse en el juego actual. Ese recorrido explica, al menos en parte, por qué su sistema principal está tan definido: Sente no parece construido alrededor de una moda pasajera, sino alrededor de una mecánica que sus creadores han tenido años para desarrollar. Para la escena independiente argentina, además, representa un proyecto ambicioso que consigue llevar una idea local hacia un público internacional.

Pero Sente no está exento de interrogantes. Su mayor fortaleza puede convertirse en su mayor debilidad si el contenido no acompaña. La experiencia depende mucho de que existan suficientes escenarios, dificultades, variantes y situaciones capaces de obligar al jugador a replantearse sus patrones. En un título centrado en la estrategia, la sensación de descubrimiento inicial debe evolucionar hacia una verdadera maestría. Si no lo consigue, la sorpresa de las primeras partidas podría agotarse antes de que aparezca la profundidad que promete.

The Review

7.83 Final
7 Others review
8
Trama
8
Jugabilidad
8
Modos
8
Multiplayer
7
Visual
8
Controles

¿En resumen?

Sente deja una conclusión: Su apuesta es pequeña en reglas, pero más grande en consecuencias, y ahí encuentra su identidad propia.