El contenido de este pack es abundante: Incluye las versiones remasterizadas de Heretic: Shadow of the Serpent Riders, Hexen: Beyond Heretic y su expansión Hexen: Deathkings of the Dark Citadel, títulos que cimentaron el subgénero del shooter fantástico con un inconfundible sabor medieval y sobrenatural. Pero además, sorprende con dos episodios inéditos desarrollados en colaboración con veteranos de id Software y el equipo de Nightdive Studios: Heretic: Faith Renewed y Hexen: Vestiges of Grandeur, que funcionan como expansiones espirituales y dan nueva vida a universos que parecían dormidos desde hace décadas.
Desde lo técnico, la modernización es evidente. Los juegos corren con total fluidez en plataformas actuales, eliminando las limitaciones de compatibilidad que durante años obligaban a los fans a usar emuladores o ports comunitarios. El trabajo de Nightdive, especialista en rescatar clásicos, brilla al ofrecer soporte para resoluciones modernas, monitores panorámicos y opciones gráficas que mantienen la estética pixelada pero la dotan de nitidez y limpieza. No se ha optado por rehacer los gráficos en 3D moderno, lo cual es un acierto: El estilo artístico original, con sus texturas góticas y atmósfera decrépita, conserva un poder evocador que habría sido imposible de replicar con un simple lavado visual contemporáneo.
Uno de los elementos más destacados es la nueva banda sonora compuesta por Andrew Hulshult, conocido por sus reinterpretaciones de Quake y DOOM. Sus arreglos mezclan guitarras pesadas, coros sombríos y sintetizadores que amplifican la tensión constante de cada nivel. La música respeta las melodías originales, pero las expande hasta convertirlas en una experiencia inmersiva y épica, que eleva cada enfrentamiento contra hordas demoníacas o cada incursión en templos malditos. Jugar con auriculares se convierte en un viaje sensorial que multiplica la intensidad de las batallas.

En cuanto a jugabilidad, los títulos mantienen intacta la esencia que los convirtió en referentes. Heretic se siente como el hermano espiritual de DOOM, pero armado con varitas, báculos y artefactos mágicos que transforman la acción. El inventario dinámico sigue siendo uno de sus mayores aciertos: Poder guardar pociones o anillos de invulnerabilidad para momentos críticos añade una capa táctica que lo diferencia de otros shooters de su época. Hexen, en cambio, dio un paso más allá al ofrecer clases de personajes (guerrero, clérigo, mago), niveles interconectados y un diseño que rozaba lo metroidvania mucho antes de que el término fuera popular. La expansión Deathkings of the Dark Citadel continúa ese camino con mapas laberínticos y una dificultad elevada que pondrá a prueba incluso a los veteranos.
Los nuevos episodios agregan un valor incalculable. Faith Renewed retoma la campaña de Heretic con un diseño de niveles más moderno, plagado de secretos y retos que aprovechan la experiencia acumulada de décadas de evolución en el género. Vestiges of Grandeur, por su parte, es una carta de amor a Hexen: Mantiene sus acertijos ambientales, la progresión por llaves y portales, y la crudeza de su combate, pero añade mecánicas sutiles que lo hacen más accesible para quienes nunca jugaron al original. Ambos episodios demuestran que todavía hay mucho por explorar en este estilo de fantasía oscura en primera persona.

El componente multijugador es otro pilar renovado. Los juegos ofrecen ahora modos cooperativos y deathmatch tanto en pantalla dividida local como en línea con soporte multiplataforma. Es decir, da igual si juegas en PC o consola: Podrás compartir la experiencia con amigos sin barreras. Esto, sumado a la compatibilidad nativa con mods, asegura una longevidad prácticamente infinita. La comunidad siempre ha sido el corazón de Heretic y Hexen, y ahora cuenta con herramientas oficiales para seguir expandiendo sus mundos.
El balance entre nostalgia y modernidad está bien calibrado. Quien los vivió en los noventa encontrará intacta la dureza de sus combates, la atmósfera opresiva de sus pasadizos y la satisfacción de descubrir un secreto escondido detrás de una pared sospechosa. Para los recién llegados, la colección se siente sorprendentemente fresca: Sus mapas intrincados, la ausencia de ayudas innecesarias y la necesidad de memorizar recorridos ofrecen un tipo de desafío muy distinto al de los shooters actuales, más guiados y cinematográficos. Aquí la exploración y la intuición son tan importantes como la puntería.
Si hay un punto de discusión, podría ser la dificultad inherente de los originales. Aunque se han añadido opciones de accesibilidad, sigue siendo una experiencia exigente, donde perderse o quedarse sin recursos es común. No obstante, esa crudeza forma parte del encanto y la identidad de la saga. El aprendizaje constante y la superación de obstáculos generan una satisfacción duradera que difícilmente se logra en títulos más complacientes.