Review: Call of the Elder Gods para PS5

Call of the Elder Gods: El peso del misterio y la herencia narrativa.

desentraña el misterio

La secuela de Call of the Sea no intenta reinventar la fórmula que la hizo destacar en 2020, sino profundizarla. Call of the Elder Gods es una aventura en primera persona centrada en la resolución de puzles y en una narrativa densa, íntima y, por momentos, inquietante. En lugar de apostar por la espectacularidad, el título se sumerge en una experiencia pausada donde la observación y la interpretación del entorno son claves. El resultado es un juego que respeta la inteligencia del jugador, aunque no siempre logra mantener el equilibrio entre desafío y ritmo.

La historia introduce a dos protagonistas: El profesor Harry Everhart y la enigmática Evangeline Drayton. Ambos personajes cargan con pérdidas personales que se entrelazan con la trama principal, una búsqueda que los lleva a recorrer escenarios tan diversos como Nueva Inglaterra, el desierto australiano, el Ártico y la mítica ciudad de Pnakotus. Este viaje no solo funciona como un desplazamiento geográfico, sino también emocional, explorando el duelo desde perspectivas complementarias. La narrativa destaca precisamente en esos momentos más introspectivos, donde el silencio y la ambientación dicen más que cualquier diálogo.

Uno de los pilares del juego es su diseño de puzles. Aquí es donde Call of the Elder Gods brilla con mayor consistencia. Los acertijos están construidos sobre la lógica, la observación y la interacción con el entorno, evitando soluciones arbitrarias. Cada mecanismo, cada símbolo y cada estructura parecen tener un propósito claro, lo que genera una sensación de coherencia que refuerza la inmersión. Sin embargo, esta misma fidelidad al diseño lógico puede volverse un arma de doble filo: En algunos tramos, la dificultad escala de forma abrupta, lo que puede romper el flujo narrativo y provocar frustración.

Visualmente, el juego mantiene una dirección artística estilizada, heredera de su predecesor, pero con una mayor ambición en la construcción de escenarios. Cada localización tiene identidad propia, desde los tonos cálidos y áridos del desierto hasta la frialdad casi opresiva del Ártico. La iluminación juega un rol fundamental, guiando sutilmente al jugador sin recurrir a indicadores invasivos. No obstante, a nivel técnico, el título no está exento de limitaciones: algunas animaciones resultan rígidas y ciertos elementos del entorno carecen del nivel de detalle esperado para una producción actual.

El apartado sonoro complementa eficazmente la experiencia. La banda sonora es contenida, pero precisa, apareciendo en los momentos adecuados para reforzar la tensión o la melancolía. El diseño de sonido ambiental, en particular, merece reconocimiento, ya que contribuye a construir una atmósfera envolvente que potencia la sensación de aislamiento y misterio.

En términos de jugabilidad, la inclusión de dos protagonistas aporta variedad, aunque no siempre se traduce en mecánicas diferenciadas. Si bien hay intentos de dotar a cada personaje de una perspectiva única, en la práctica las diferencias son más narrativas que jugables. Esto no es necesariamente negativo, pero sí representa una oportunidad desaprovechada para enriquecer la experiencia.

En definitiva, Call of the Elder Gods es una secuela que apuesta por la continuidad y la profundidad emocional por sobre la innovación radical. Su mayor fortaleza radica en su narrativa y en la solidez de sus puzles, aunque su ritmo irregular y ciertas limitaciones técnicas impiden que alcance un impacto más contundente.

The Review

7.83 Final
8 Others review
8
Historia
8
Puzles
8
Arte
8
Sonido
7
Jugabilidad
8
Narrativa

¿En resumen?

Es un título que recompensa la paciencia y la atención al detalle, ideal para quienes buscan una experiencia reflexiva y cuidadosamente construida, más cercana a una novela interactiva que a un videojuego convencional.